OJO POLÍTICO

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Por: Ramón Frías Frías

• Al fin solo

.- Miguel Mancera y Dante Delgado inicialmente, tuvieron la idea de conformar una alianza, pero el devaluado PRD y el todavía partidillo MC no tenían la fuerza para pelear la Presidencia y fue entonces cuando solo, Ricardo Anaya se les acercó para reforzar la idea. Entre los tres sí podrían.

Pero la intención de conservar el registro y lograr candidaturas para el Senado hicieron que Dante reforzara la idea, la Barrales, entonces presidenta del PRD y novia de Mancera, quería ser candidata al gobierno de la Ciudad de México. Si su querido Mancera lograba la candidatura, bueno, pero en caso contrario, al menos ella sería quien contendiera por la capital del país.

Ricardo Anaya solo apareció siempre en los spots del PAN; solo dio cuenta de sus adversarios al interior de su partido, sin contar que el peor de sus enemigos, era a quien veía en el espejo.

Los fans del hijo de la Sierra Gorda lo admiran porque hizo su carrera solo y hace yoga, estudia, planea todos sus movimientos, hace ensayos de sus discursos, todo siempre solo, pero el problema mayor por ahora es que está solo.

Hasta ahora la defensa de Anaya es personificada por su pupilo Damián Zepeda, quien se quedó a cuidar rancho en la dirigencia nacional del PAN, pero nadie más del partido quiere defender lo indefendible, porque su candidato hace cosas malas que parecen peores.

El año pasado Anaya presumía en sus argumentos para lograr la candidatura presidencial por el Frente, que al fin el PAN gobierna en once entidades a lo largo y ancho del país, pero hasta ahora ninguno de los mandatarios estatales ha sacado siquiera la nariz para poner la cara por el abanderado del PAN-PRD-MC. Ni las dirigencias del PRD y Movimiento Ciudadano.

El dirigente nacional del PAN se limita a echarle la culpa al PRI; los nominados de las listas plurinominales a las diputaciones federales y senadurías y los ya definidos candidatos a gobernadores tampoco han salido a defender al imberbe. Será porque es indefendible y prefieren apoyar la versión de que podrían cambiar de candidato.

Cala en el ánimo del presidenciable que tampoco dicen ni tuit los intelectuales de la sociedad civil que antes lo entronizaron y ensalzaron, pero que ahora no lo defienden, tal vez porque los grupos clericales les dijeron que no se junten con él porque ya cayó al fondo del averno.

De tener algo limpio el candidato, sería lo normal que las dirigencias nacionales del PAN, del PRD y Movimiento Ciudadano ya estuviesen en actitud de rasgarse las vestiduras y lanzarse a la yugular de los acusadores, pero la actitud es tibia.

Dicen las lenguas viperinas que Diego María de la Concepción Fernández de Cevallos y Ramos, lo acompañó porque considera que puede sacar una lana para su despacho en una defensa que se antoja muy difícil, pero Santiago Creel, quien dicen fue su primer sensei no aparece para defender al pupilo.

La respuesta parecen tenerla sus propios fans, quienes presumieron todavía hace días, de la siembra de rencores al interior de los grupos panistas, porque aseguran que el queretano no solamente es hábil para hacer negocios para su familia.

Aseguran que se chingó a Felipe Calderón, uno de sus primeros padrinos; a Madero, quien lo impulsó hasta colocarlo en la dirigencia nacional de su partido; se chingó a Moreno Valle, quien se vendió por la candidatura poblana para su vieja; se chingó a Mancera, quien ya está en la lista de pluris para el Senado.

Pero también se chingó a Margarita Zavala, quien tiene no solamente el rencor propio, sino el de su consorte; otro rencor guardado es el de Cordero y Gil Zuarth y total que tiene tras de sí toda una estela de heridos, pero no los remató y estos se la van a cobrar.

Ni en sus solitarias sesiones de yoga consideró que al chingarse a los enlistados, además de perjudicados regionales, ahora sí la creen que no va a lograr ni siquiera la medalla de bronce y quedaría por debajo de los sufragios que logre el ex Bronco o de plano Margarita, la que se chingó.

En nuestra entrega de ayer comentamos que Anaya no tiene capacidad para tender puentes de diálogo y una estrategia conveniente no es la de aplastar a los enemigos, sino saludarlos con la derecha y dar la palmada con la izquierda, porque después de todo, sus aliados son los de izquierda, aunque ya no tanto.

Como en la primaria, aquellos a quienes se chingó, repitieron la frase del pendenciero que hacía bullying a la hora del recreo, pero que a la salida le torteaban el hocico y con el asunto del lavado de dinero del cual lo acusan, llegó la hora de la salida y ya corre el mole.

La estrategia de los cuartos de guerra en las campañas, es destacar lo bueno de su candidato y machacar con lo malo que se les descubre a los contrincantes, pero en el ware room de Anaya, no son capaces de contrarrestar el sinfín de rencores que sembró su candidato y ya vieron que siempre hay un tiempo de cobrar agravios, que bien pudieron sanarse antes de la precampaña.

Hasta el momento y tal vez porque no se puede, no defienden a su candidato el gobernador de Aguascalientes Martín Orozco, como tampoco lo defiende el chihuahuense Javier Corral, mucho menos el panista-perredista de Durango, José Rosas.

También hizo mutis el gobernador poblano Antonio Gali, quien ganó la minigubernatura con la alianza del PRD-PANAL-PT, como le cala el silencio del gobernador de Quintana Roo, Carlos Manuel Joaquín, quien tiene la gubernatura por la alianza que conformaron el PAN y PRD.

Tal vez Pancho Cabeza de Vaca el gobernador tamaulipeco todavía le paga la renta de la casa para su mujer e hijos en Atlanta, pero tampoco ha sacado la cara para defender a su ahijado. Igual sucede con el veracruzano Miguel Ángel Yunes, quien de igual forma logró la gubernatura con la alianza PAN-PRD.

Si no defienden a Ricardo Anaya los gobernadores emanados del PAN y sus alianzas, mucho menos lo defenderán los 40 millones de mexicanos que dicen gobiernan ahora y los puntos de la alianza se fueron al piso.

Ahora la pregunta de Anaya, quien sigue solo con su teclado, su guitarra y sus ensayos de discursos, es ¿ontás?

Nos leemos mañana.